"Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. Aparta mis ojos, para que no vean vanidad; avívame en tu camino." Salmos 119:18 y 37
"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas." 2 Corintios 4:18
Es facil dirigir diariamente nuestros ojos hacia lo temporal, porque no requiere esfuerzo alguno. Solo abrimos nuestros ojos y dejamos que todas las ofertas de este mundo penetren a través de nuestros ojos y se alojen en nuestra mente. Una vez allí, nos resulta natural entregar nuestro tiempo y esfuerzo a estas cosas. Poder ver como Dios ve requiere nuestro esfuerzo, nuestro compromiso y búsqueda diaria de la presencia del Señor. El salmista escribió: Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por tí, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo (Salmo 42:1-2a). Una búsqueda desesperada de la presencia de Dios, porque tengo la necesidad de ser satisfecho. Solo el Señor puede hacerlo. Existe un peligro que quizás muchos no quieran correr, y es qu una vez que Él abra tus ojos, te des cuenta al igual que el Apóstol Pablo, que: Todo lo que pensabas que eran ganancia y de valor solo eran en realidad una pérdida y basura comparado con Cristo (Fil.3:7-8). Dios le abrió los ojos a Pablo, y no solo cambió su vida sino, además de miles de personas a través de sus viajes misioneros, y millones a través del mensaje escrito de la Palabra de Dios por medio suyo. Oración: Abre mis ojos Señor, quiero ver como tú.
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